Marcapáginas editado con motivo de la Exposición " La Nuova Xilografía di Gianfranco Schialvino e Gianni Verna e la revista SMENS ", organizada por la Colección de Grabados "Achille Bertarelli" en colaboración con la Biblioteca Trivulziana, pretende contar, a través de los textos y las obras originales expuestas, los temas que han acompañado, en los treinta años de actividad de Nuova Xilografia, la obra artística de Gianfranco Schialvino y Gianni Verna: la poesía de Montale y D'Annunzio, los viñedos de Langa y las montañas alpinas, los animales del mito y los salvajes del paisaje italiano - un 'bestiario' continuamente variado y enriquecido con cada re-proposición, celebrada del 27.02.2016 al 10.04.2016.
Para saber más sobre esta exposición y sus autores, aquí
El mito de Argo, Argos en su versión latina, parte de
una de las innumerables infidelidades que Hera (Juno en la mitología romana) tenía que soportar por
parte de su esposo (y hermano), Zeus.
En esta ocasión, Zeus (Júpiter para los romanos) se enamoró de Ío, una doncella sacerdotisa de
Hera. Para poseerla, Zeus, dios omnipotente del Olimpo, arrojará al mundo una
espesa neblina, convirtiéndose él mismo en nube, para poder estar con la
doncella y así no ser vistos por su esposa.
Hera los encontrará juntos y, presa
de los celos, convertirá a Ío en una ternera blanca. Esta encomienda a su amigo Argo, el
gigante de cien ojos, que se encargue de vigilar a la ternera noche y
día.
Resulta difícil imaginar un guardián
mejor que Argo, el gigante mitológico que nunca dormía, ya que por las noches
descansaba con 50 ojos, manteniendo los otros 50 siempre alerta. Rescatar a Ío
parecía tarea imposible.
Sin embargo, Zeus confió la misión al
dios Hermes (Mercurio para los romanos), el dios mensajero, del
ingenio, la astucia y la mentira. Hermes apareció en el olivo donde se
encontraban Argo y la ternera, disfrazado de pastor, y se valió del dulce
sonido de su flauta para adormecer por completo a Argo, momento en el que le
dio muerte decapitándolo y rescató finalmente a Ío.
Hera, víctima de la ira y el dolor,
conmemoró a su fiel guardián Argo a través de un gesto que dura hasta nuestros
días: colocó los cien ojos del gigante en las plumas del pavo real, ave
favorita de Hera, para que siguiese viendo el mundo a través de los tiempos. Es
por esto que la iconografía de Hera la presenta montada en un carro tirado por
pavos reales, o acompañada de estos.

Um animal maravilhoso quando abre a cauda em leque. Há pavões no jardim do Museu da Cidade que por vezes saltam para o jardim do Campo Grande e por lá andam a passear.
ResponderEliminarJá trabalhei num sítio em cujo jardim também havia pavões.
Bom dia!
Son impresionantes.Una de las aves más bonitas que hay. Yo tengo una pareja en la vecindad, a la que sólo oigo y a mí me gusta, pero a otros vecinos les molesta.
EliminarBoa tarde
Y en el Castillo de San Jorge, andan sin miedo alguno y se meten hasta en la cafetería si les dejan.
ResponderEliminarSiempre hay gente fotografiándolos, sobre todo cuando abren el maravilloso abanico de sus plumas.
El marcapáginas, una preciosidad y lo que nos cuentas, no por conocido, menos interesante.
Lo comentaba hace unos momentos. Los marcapáginas propician el repaso de cosas en las que no piensas habitualmente, pero que es agradable recordar.
Un abrazo.
Supongo que sí, pero yo no conocía esta "historia" mitológica.
EliminarUn abrazo
Lindos, marcador e vídeo.
ResponderEliminarSó foi pena ele não ter aberto o leque 🦚
Bom domingo!
Debe ser difícil volar con esa cola tan larga.
EliminarBoa tarde
Un bonito marcapáginas de un animal majestuoso y regio (no sé si te gustarán mucho los calificativos, Manuel😉)
ResponderEliminarUn abrazo.
Estos no tienen súbditos a los que dar la lata, jajaja.
EliminarUn abrazo
Una bonita leyenda. Me encanta el pavo real. Besos.
ResponderEliminarSí, estos dioses también tenían sus entretenimientos, buenos y malos.
ResponderEliminarUn abrazo