Pantocrátor románico
El Pantocrátor nos presenta un Cristo sentado al modo románico, una perspectiva hoy en desuso, pero muy utilizada en aquel tiempo. Los ropajes son lujosos, como corresponde a un juez universal. Chaleco con profusión de adornos y pliegues de la túnica y del manto expandidos con un diseño clásico que nos hacen pensar en que el escultor conocía a sus maestros y las obras en las que se inspiraba. Tal vez fuese un escultor francés (se nota su escuela) que peregrinaba a Compostela y se detuvo en Lugo. Para sustentarse, hizo lo que sabía hacer: esculpió una estatua religiosa para un templo. Similar origen tienen otras obras del Camino de Santiago, como las pinturas murales de la iglesita de Leboreiro, aquí cerca. El escultor era hombre culto, no lo digo solo por su manera de moldear paños y pliegues, también por esculpir siete sellos en el canto del libro que se utilizará para juzgar. Siete, como predice el Apocalipsis que conocía. También escultor que no obedece normas. Son muy pocos los Cristos representados de este modo que lucen corona, sin embargo éste sí la presenta. No voy a hablar que le falta una mano, la derecha y que, además, en la escultura no se aprecia ningún tipo de ruptura que permita suponer que estuvo allí esa mano ausente. Pudo ocurrir que fuese esculpido manco, pero me resulta muy extraño. La cara es una preciosidad escultórica. Bien afeitado y peinado, presenta el pelo distribuido en mechones que rodean el cuello y van a caer tras él. Un diseño de barba que parece de nuestros días, como el bigote. La melena también cae hacia atrás, dejando descubierta la porción inferior de la oreja. Volvemos a los trucos que domina el escultor. Esculpe un cuello largo al Cristo. Era conocedor de esa técnica consistente en alargar algo los cuellos de los retratados para conferirles elegancia y aire señorial. Eso le aporta ese cuello ligeramente largo. Muy largo sería deforme, claro. Lo preciso es acertar en el exceso y el desconocido escultor supo acertar.
Esa cara, ese rostro es elegante, majestuoso y distante. Tal vez buenas características para un juez, no lo discuto, pero resulta ajeno, no es de los nuestros. Un juez viene de lejos, baja del cielo y viene a juzgarnos. Trae en su mano el código que le servirá de baremo para realizar su función. Pero yo, al verlo tan alejado, tan aséptico, no puedo olvidar al Salvador de Muxa, maltrecho sí, pero con esa cara tan salida de nuestra gente, tan identificada con nosotros, que puestos a jueces prefiero al del Museo aunque reconozco los méritos clásicos de éste del Pórtico Norte de nuestra catedral.
Fuente : galiciadigital.com. Texto de Emilio Valadés del Río |
Ese Pantocrátor, junto con esa portada románica norte, es la joya de la catedral.
ResponderEliminarEstupenda entrada (además de por lo que nos toca); me encanta también el vídeo.
Muchísimas gracias por la dedicatoria. Las dos vecinas de As Fontiñas estamos encantadas y agradecidas.
Apertasss
Es muy bonito y la cara se parece a la de la estatua del rey Alfonso II
EliminarSí que lo estamos y repito lo de siempre ¡ Qué bien lucen los marcapáginas en tu blog!
ResponderEliminarMuchas gracias.
Abrazos.
El fondo azul realza las imágenes, siempre y cuando no sean azules, ¡ claro!.
EliminarUn abrazo
Entrada muito boa: lindos marcadores e uma canção por dois grandes cantores que muito aprecio.
ResponderEliminarBom dia!, por aqui continua cinzento.
Coincido contigo; son dos genios de la música, cada uno en su estilo
EliminarBom dia
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ResponderEliminarMe encanta la catedral de Lugo, la conozco y me parece preciosa. Besos.
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