EL AUTOR
David Attenborough nació el 8 de mayo de 1926, en Londres. Se crió en el College House del campus de la Universidad de Leicester, lugar en el que su padre, Frederick Attenborough, fue director. Es el segundo hijo de tres: su hermano mayor, Richard, fue actor y director; su hermano menor, John, es director ejecutivo de Alfa Romeo. Durante la segunda guerra mundial, sus padres adoptaron a dos chicas refugiadas judías, procedentes de las zonas de conflicto.
Attenborough pasó su infancia coleccionando fósiles, rocas y otros especímenes naturales. Recibió muchos ánimos a la edad de siete años, cuando la joven arqueóloga Jacquetta Hawkes admiró su "museo". Unos cuantos años más tarde, una de sus hermanas adoptivas le regaló un pedazo de ámbar que contenía incluidos insectos fósiles. Cincuenta años después, esta roca de ámbar fue el foco del programa titulado The Amber Time Machine (La máquina del tiempo de ámbar). Attenborough estudió en la Wyggeston Grammar School for Boys, de Leicester, y logró, tras sus estudios primarios, ingresar en el Clare College de la Universidad de Cambridge, donde obtuvo el Grado en Ciencias Naturales. En 1947 tuvo que realizar el servicio militar en la Marina Real británica, y pasó algunos años en Gales del Norte y en el fiordo de Forth. En 1950 se casó con Jane Elizabeth Ebsworth Oriel; su matrimonio duró hasta la muerte de ella, en 1997, y tuvieron dos hijos: Robert y Susan.
Desde el principio, las principales series de Attenborough han incluido algunos contenidos sobre el impacto de la sociedad humana sobre el mundo natural.
En diciembre de 2005, en una entrevista con Simon Mayo en la BBC Radio Five Live, Attenborough dijo que se considera a sí mismo un agnóstico. Al preguntársele por si su observación de la naturaleza le ha dado fe en un creador, generalmente responde con alguna versión de esta historia:
Mi respuesta es que cuando los creacionistas hablan de Dios creando cada especie individual como un acto separado, siempre citan como ejemplo colibríes, orquídeas, o girasoles y cosas bonitas. Pero yo, en lugar de eso, tiendo a pensar en un gusano parásito que está horadando el ojo de un niño sentado a la orilla de un río en África occidental, un gusano que le va a dejar ciego. Y les pregunto, ¿me estás diciendo que el Dios en el que crees, que siempre dices que es misericordioso, que cuida de cada uno de nosotros individualmente, estás diciendo que Dios creó ese gusano que no puede vivir en ningún otro sitio que no sea el ojo de un niño inocente? Porque esto no me parece que coincida con un Dios lleno de misericordia.5
Ha explicado que siente que la evidencia en todo el planeta muestra claramente que la evolución es la mejor manera de explicar la diversidad de la vida, y que "en lo que a mí respecta, si hay un ser supremo, escogió la evolución orgánica como la forma de llevar a la existencia al mundo natural."
En una entrevista en BBC Four con Mark Lawson, se le preguntó a Attenborough si en algún momento había tenido alguna fe religiosa. Él simplemente respondió, "No." Sin embargo, niega expresamente ser ateo, como lo opuesto a agnóstico.
El 22 de octubre de 2009, con motivo de recoger el Premio Principe de Asturias de Ciencias Sociales, que se le otorgó, el naturalista y comunicador británico dejó en el Jardín Botánico Atlántico de Gijón un testimonio vivo de su compromiso de defensa y conservación de nuestro planeta, limonero que años más tarde sigue recordándonos nuestra responsabilidad para con el ambiente y en definitiva, para que sea posible «La vida en la Tierra»












